En verano, algunos lagos de Córdoba amanecen con una nata verde flotando en la superficie, un olor particular y el agua turbia. No es normal, y no es alga "inofensiva": es la cara visible de un problema serio llamado eutrofización. Y como el San Roque y Los Molinos abastecen de agua potable a más de un millón y medio de personas, entender por qué pasa es entender de dónde sale nuestra agua.

Qué es la eutrofización

Un lago se "eutrofiza" cuando recibe un exceso de nutrientes —sobre todo fósforo—. Ese fósforo es alimento para las cianobacterias (mal llamadas "algas verdeazuladas"), que se multiplican de golpe y forman las floraciones: la nata verde en la superficie. Algunas producen toxinas, quitan oxígeno al agua y complican —y encarecen— la potabilización.

San Roque: estado hipereutrófico

El San Roque está hoy clasificado como hipereutrófico, el peor estado posible. Recibe unas 145 toneladas de fósforo por año, cerca del 60% de origen urbano: en Villa Carlos Paz se trata apenas un tercio de los efluentes cloacales, y el resto termina en el lago. El resultado es una transparencia que en las peores épocas cae a alrededor de 1 metro. Podés seguir su estado del agua en vivo y su transparencia.

El agua de un millón y medio de personas

Esto no es un tema de paisaje: es de salud pública. San Roque y Los Molinos entregan en conjunto unos 5,2 m³/s de agua para cerca de 1,5 millón de habitantes del Gran Córdoba —San Roque aporta unos 4,7 m³/s y Los Molinos el resto—. Cuidar la calidad de esos embalses es cuidar el agua que sale de la canilla.

El eslabón invisible: los incendios

Hay un factor que casi nadie asocia con el color del agua: el fuego. En agosto de 2003, grandes incendios arrasaron las cuencas de ambos embalses. En San Roque, el 99% del área quemada correspondió a la subcuenca del río Cosquín; en Los Molinos, el 70% a la del río San Pedro, incluyendo pinares.

¿Qué pasó después? Con las primeras lluvias, el suelo quemado —sin vegetación que lo retenga— se lavó hacia los lagos y disparó la carga de fósforo. Los estudios lo dicen sin vueltas: los incendios "produjeron un incremento significativo de P en ambos embalses por lavado de suelos", con valores "muy por encima de los históricos". El pico fue brutal: en el río Cosquín el fósforo total llegó a una mediana de 88,5 µg/l y máximos de 1.480 µg/l; en el arroyo Los Chorrillos se midieron hasta 2.007 µg/l.

Cada lago, su floración

Tras el fuego y las lluvias aparecieron floraciones distintas en cada embalse: el dinoflagelado Ceratium hirundinella en el San Roque, y la cianobacteria Microcystis aeruginosa —potencialmente tóxica— en Los Molinos, donde en diciembre de 2003 se registró una mortandad de peces. "Este aporte adicional contribuye al agravamiento de la problemática de eutroficación", concluyen los investigadores.

Por qué importa

La lección es que la salud de un embalse no se juega solo dentro del agua: se juega en toda su cuenca. Efluentes cloacales sin tratar, urbanización descontrolada e incendios forestales terminan, tarde o temprano, en el color del lago y en el costo de potabilizar. El agua verde no es un capricho de la naturaleza: es un espejo de lo que hacemos cuenca arriba.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué se pone verde el agua del San Roque?

Por eutrofización: el exceso de fósforo (en gran parte de cloacas sin tratar) alimenta floraciones de cianobacterias que forman una nata verde en la superficie. El San Roque está hoy en estado hipereutrófico.

¿El agua verde es peligrosa?

Algunas cianobacterias producen toxinas, por eso se desaconseja el contacto durante las floraciones intensas. Además complican la potabilización del agua que abastece a Córdoba.

¿Qué tienen que ver los incendios con el agua verde?

Mucho. Los incendios de 2003 en las cuencas del San Roque y Los Molinos dejaron el suelo sin vegetación; al llover, ese suelo se lavó hacia los lagos y disparó la carga de fósforo, agravando la eutrofización.